Publicado en Mugalari 30/07/10
Las autoras de “La destrucción del arte”, Beatriz Yoldi y Dimitra Gozgou sostienen en su interesante estudio que los museos evitan dar información sobre los atentados contra su patrimonio artístico para, tal y como actúa la policía con los casos de suicidios, evitar «un contagio de agresiones en cadena». De hecho, los atentados son mucho más numerosos que los que llegamos a conocer, siendo sus motivaciones de lo más variado. El arte desata prejuicios, incomodidad religiosa, oposición política, iconoclasia o fetichismo que remueve esa misma emoción a la que intenta llegar el artista y que en ocasiones no consigue manifestarse más que a través de este tipo de reacciones; se trata de una rebeldía indomable que, al igual que la práctica artística, nos habla de nuestra circunstancia social.
En un apéndice del citado estudio se relatan algunos de los casos más significativos de estos ataques. Por ejemplo, el 10 de marzo de 1914, la sufragista Mary Richardson entró a la National Gallery de Londres y atacó con un cuchillo la obra de Velázquez “Venus del espejo”, asestándole varias puñaladas. Activista política miembro del WSPU (Women Social and Political Union), quería recordar que la justicia por la igualdad de las mujeres es más importante que una obra de arte. En el fondo de su acción se encontraba su solidaridad con Emily Pankhurst, activista feminista que se encontraba encarcelada y en huelga de hambre.
En 1891 un fanático religioso, Carey Warbington, lanzó una silla contra el cuadro “La Primavera”, de Bouguerau. Tras su arresto, explicó que había visto cuadros similares en casas “moralmente incorrectas” (supuestamente burdeles) y que no le gustaría que su madre o su hermana pudiesen contemplar cuadros así. Warbington fue declarado demente y se suicidó poco después. La anécdota es que el dueño de la obra compró la silla usada por el agresor y la exhibió junto con la obra restaurada por el mismo Bouguereau.
lunes 26 de julio de 2010
martes 13 de julio de 2010
Alter
Publicado en Mugalari, Gara 16/07/10
La digitalización de nuestra vida, porque nuestra vida son también nuestros intentos, proyectos y producciones, nos sitúa ante nuevas formas de relación con “el otro”. Al revisar en Internet fanzines y revistas que tuvieron en la calle su razón de ser uno se encuentra no sólo con las diferencias propias de un lenguaje cambiante, sino con formas de relación que han quedado atrapadas entre las líneas de un emisor y un receptor que mutaron otra cosa. En algunos de estos papeles (que ya no se pueden tocar) encontramos, además de la dislocación del tiempo, los fantasmas de sus destinatarios originales, la transmutación de sus fustigadores y los relatos paralelos, superpuestos y amontonados que se dieron en su campo de batalla. El a quién nos dirigimos es también desde dónde nos dirigimos. Se trata de matices que se descubren justamente detrás de las letras. Sus tonalidades enriquecen la lectura y pueden proporcionar accesos directos al entorno en el que se emitieron. No es lo mismo que en otras publicaciones, no es lo mismo que en la digitalización oficial de la historia; las revistas amateurs, las prácticas editoriales “situadas” proporcionan otras tonalidades, porque su esfuerzo estuvo claramente dirigido a una audiencia específica y próxima con la que se establecía un vínculo concreto y negociado. Una otredad pactada.
Con la red como repositorio percibimos una tensa custodia de todo este material sensible. Dudamos entre su innegable facultad para relacionar individuos y comunidades y su programada capacidad para homogeneizar y validar “lo otro” hasta hacer desaparecer toda diferencia.
Al volver a ojear antiguos fanzines en nuestro navegador de Internet nos invade una extraña sensación. Aquél “otro” al que iban dirigidos puede que haya desaparecido pero su rastro queda reflejado en el modo en que se estableció esa otredad.
La digitalización de nuestra vida, porque nuestra vida son también nuestros intentos, proyectos y producciones, nos sitúa ante nuevas formas de relación con “el otro”. Al revisar en Internet fanzines y revistas que tuvieron en la calle su razón de ser uno se encuentra no sólo con las diferencias propias de un lenguaje cambiante, sino con formas de relación que han quedado atrapadas entre las líneas de un emisor y un receptor que mutaron otra cosa. En algunos de estos papeles (que ya no se pueden tocar) encontramos, además de la dislocación del tiempo, los fantasmas de sus destinatarios originales, la transmutación de sus fustigadores y los relatos paralelos, superpuestos y amontonados que se dieron en su campo de batalla. El a quién nos dirigimos es también desde dónde nos dirigimos. Se trata de matices que se descubren justamente detrás de las letras. Sus tonalidades enriquecen la lectura y pueden proporcionar accesos directos al entorno en el que se emitieron. No es lo mismo que en otras publicaciones, no es lo mismo que en la digitalización oficial de la historia; las revistas amateurs, las prácticas editoriales “situadas” proporcionan otras tonalidades, porque su esfuerzo estuvo claramente dirigido a una audiencia específica y próxima con la que se establecía un vínculo concreto y negociado. Una otredad pactada.
Con la red como repositorio percibimos una tensa custodia de todo este material sensible. Dudamos entre su innegable facultad para relacionar individuos y comunidades y su programada capacidad para homogeneizar y validar “lo otro” hasta hacer desaparecer toda diferencia.
Al volver a ojear antiguos fanzines en nuestro navegador de Internet nos invade una extraña sensación. Aquél “otro” al que iban dirigidos puede que haya desaparecido pero su rastro queda reflejado en el modo en que se estableció esa otredad.
sábado 3 de julio de 2010
Densidad
Publicacado en Mugalari, Gara 02/07/10
Últimamente funciona en el lenguaje de las políticas urbanísticas la idea de “redensificar” algunos barrios como medida de sostenibilidad y de contención de gasto. Las ciudades se despliegan y se contraen en su planificación dejándonos en forma de paisaje urbano el reporte de los cambios económicos y sociales. Las políticas culturales también se expanden y se contraen según la tipología de la crisis y, aunque sus ciclos críticos tienen ritmos propios, la onda expansiva de la economía resulta determinante en la conformación del paisaje cultural. Durante años hemos visto como la “cultura expandida” era un vector clave de desarrollo, una forma de ensanchar sus límites en lógica correspondencia con otras áreas productivas con las que se mezcla inevitablemente en el día a día. En el arte, la escultura (expandida en instalación), el video expandido, el cine expandido y la expansión, en fin, de las prácticas artísticas ha servido igualmente como vehículo para buscar la concordancia con dicha característica actual de la cultura. Pero ¿es posible extrapolar la idea de “redensificación” al arte y a la cultura? En un momento en el que la expansión de la cultura se llega a confundir con el entretenimiento y se plantea como el formato natural y único de la experiencia, ¿sería posible “redensificar” la idea de cultura sin identificarla con una cultura densa, esencialista o inaccesible?
Si a veces nos preguntarnos por qué se denominan culturales algunas actividades en las que el pensamiento está ausente, quizá sea el momento de recargar de significado algunas prácticas culturales y algunos argumentos de las políticas culturales. Si la expansión de la cultura ha tenido su parte más visible en la proliferación de museos y centros de arte, el reto actual estaría en una “redensificación” de sus objetivos y de sus contenidos.
¿Podríamos entender la “redensificación” cultural como una nueva forma de militancia cultural?
Últimamente funciona en el lenguaje de las políticas urbanísticas la idea de “redensificar” algunos barrios como medida de sostenibilidad y de contención de gasto. Las ciudades se despliegan y se contraen en su planificación dejándonos en forma de paisaje urbano el reporte de los cambios económicos y sociales. Las políticas culturales también se expanden y se contraen según la tipología de la crisis y, aunque sus ciclos críticos tienen ritmos propios, la onda expansiva de la economía resulta determinante en la conformación del paisaje cultural. Durante años hemos visto como la “cultura expandida” era un vector clave de desarrollo, una forma de ensanchar sus límites en lógica correspondencia con otras áreas productivas con las que se mezcla inevitablemente en el día a día. En el arte, la escultura (expandida en instalación), el video expandido, el cine expandido y la expansión, en fin, de las prácticas artísticas ha servido igualmente como vehículo para buscar la concordancia con dicha característica actual de la cultura. Pero ¿es posible extrapolar la idea de “redensificación” al arte y a la cultura? En un momento en el que la expansión de la cultura se llega a confundir con el entretenimiento y se plantea como el formato natural y único de la experiencia, ¿sería posible “redensificar” la idea de cultura sin identificarla con una cultura densa, esencialista o inaccesible?
Si a veces nos preguntarnos por qué se denominan culturales algunas actividades en las que el pensamiento está ausente, quizá sea el momento de recargar de significado algunas prácticas culturales y algunos argumentos de las políticas culturales. Si la expansión de la cultura ha tenido su parte más visible en la proliferación de museos y centros de arte, el reto actual estaría en una “redensificación” de sus objetivos y de sus contenidos.
¿Podríamos entender la “redensificación” cultural como una nueva forma de militancia cultural?
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sábado 19 de junio de 2010
F.D.P.
Publicado en Mugalari, Gara 18/06/10
F.D.P. leyó, no sin cierta indignación, las razones que en estos mismos papeles se ponían en boca de P.D.F. (ver Mugalari 574) sobre la “excepcionalidad” del trabajo artístico, cuestión que servía de base para argumentar toda su práctica y para definir su actitud.
Según F.D.P. nada más alienante y reaccionario que transitar por este territorio de la excepción cuando el objetivo del arte, según él, no debía ser otro que buscar la confluencia con otras formas de conocimiento que no se apoyaran en la exclusividad, en el privilegio o la prerrogativa.
Para él, la historia había dejado claro que la supresión de los valores manuales como elementos de juicio de las disciplinas tradicionales no había conseguido la democratización en la producción o en el disfrute de las artes. Así, observaba que una vez superado este punto, el aura, más allá de quedar suprimida, buscaba su fundamento en la sublimación del acto creativo y en la excepcionalidad del artista, dando lugar a la gran trampa de nuestro tiempo; y que por tanto el solo hecho de concebir esta excepción como justificación para abandonar la práctica artística, tal como se arrogaba P.D.F., era en realidad el paso en falso que llevaba incondicionalmente a caer en la enrevesada y despiadada trampa del arte actual.
F.D.P. dejó con estos argumentos un comentario en el blog de P.D.F. El intercambio de razonamientos produjo una serie de datos en los que ambos coincidían y que les llevó a un proceso especulativo que hasta entonces sólo habían intuido por separado, pero que ahora se llenaban de sentido hasta el punto de convertirse en proyecto conjunto.
Cuando su tentativa se dispersó en el aire compartido de la creación, cuando se llenó de nuevas perspectivas llegando irremisiblemente al territorio de la producción, ambos comprendieron que habían caído en las garras del disfrute que tanto habían denostado.
F.D.P. leyó, no sin cierta indignación, las razones que en estos mismos papeles se ponían en boca de P.D.F. (ver Mugalari 574) sobre la “excepcionalidad” del trabajo artístico, cuestión que servía de base para argumentar toda su práctica y para definir su actitud.
Según F.D.P. nada más alienante y reaccionario que transitar por este territorio de la excepción cuando el objetivo del arte, según él, no debía ser otro que buscar la confluencia con otras formas de conocimiento que no se apoyaran en la exclusividad, en el privilegio o la prerrogativa.
Para él, la historia había dejado claro que la supresión de los valores manuales como elementos de juicio de las disciplinas tradicionales no había conseguido la democratización en la producción o en el disfrute de las artes. Así, observaba que una vez superado este punto, el aura, más allá de quedar suprimida, buscaba su fundamento en la sublimación del acto creativo y en la excepcionalidad del artista, dando lugar a la gran trampa de nuestro tiempo; y que por tanto el solo hecho de concebir esta excepción como justificación para abandonar la práctica artística, tal como se arrogaba P.D.F., era en realidad el paso en falso que llevaba incondicionalmente a caer en la enrevesada y despiadada trampa del arte actual.
F.D.P. dejó con estos argumentos un comentario en el blog de P.D.F. El intercambio de razonamientos produjo una serie de datos en los que ambos coincidían y que les llevó a un proceso especulativo que hasta entonces sólo habían intuido por separado, pero que ahora se llenaban de sentido hasta el punto de convertirse en proyecto conjunto.
Cuando su tentativa se dispersó en el aire compartido de la creación, cuando se llenó de nuevas perspectivas llegando irremisiblemente al territorio de la producción, ambos comprendieron que habían caído en las garras del disfrute que tanto habían denostado.
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jueves 10 de junio de 2010
“ZoOo, la palabra salvaje”
Publicado en Mugalari, Gara 11/06/10
El proyecto “ZoOo” supone el acercamiento al universo animal desde muy diferentes perspectivas; un universo, tan estudiado y cercano como desconocido y extraño. En esta su segunda entrega, la idea de lenguaje animal se convierte en el eje central de la propuesta, que aúna exposición, conciertos y programas de video.
(Sala del Archivo del Territorio Histórico de Álava, Gasteiz, 13 mayo - 24 Junio 2010)
En primer lugar “ZoOo” pasa por ser un completo reporte de la ecológica colaboración entre diferentes “habitats” culturales. Como proyecto expositivo y como mecanismo de producción, dicha iniciativa nos da la oportunidad de poner en relación la diversidad creativa existente en diferentes disciplinas, como son la antropología cultural, la biología y las prácticas artísticas, con las posibilidades que brinda el entendimiento entre plataformas muy diferentes de producción cultural.
“ZoOo” es un proyecto de la Fundación Cristina Enea, producido en colaboración con Audiolab-Arteleku y Amarika Proiektua de Vitoria - Gasteiz, por lo que en esta circunstancia se antoja especialmente pertinente hablar de asociación de estructuras culturales vivas e independientes que, como simbiontes, sacan provecho de la puesta en común.
“ZoOo”, es un proyecto ideado por Oier Etxebarria que tuvo su primera entrega en 2009 con el tema de las representaciones visuales de los animales y que se centra en esta segunda entrega en lo acústico, en el lenguaje y en la comunicación animal.
El tema, abordado desde un campo de visión muy amplio, tiene resonancias muy diversas, pero sobre todo sugiere el cuestionamiento de la sofisticación artística como código de comunicación para dotarla de nuevas posibilidades expresivas.
Y es que el marco teórico sobre el que hacer posible un proyecto como “ZoOo” no puede por menos que ser complejo, por cuanto la oposición entre lo cultural y lo natural ha marcado, a veces forzadamente, el desarrollo de la filosofía moderna, llegando hasta el pensamiento contemporáneo y a las orillas del mundo de la creación actual con un lastre difícil de gestionar.
Por otro lado, el lenguaje ha supuesto en nuestra cultura el eje sobre el que establecer la diferencia entre lo humano y el resto de seres vivos. Históricamente, el afán de presentar al individuo como centro del universo atribuyó la interioridad (conciencia y alma) exclusivamente a la especie humana y como consecuencia, el interés por la comunicación animal se ha limitado a entenderla como mera conductora expresiva de las funciones biológicas.
Desde esta perspectiva, el ámbito de acción que se esboza para una propuesta como la de “ZoOo” resulta ser bien sugerente, ya que existe todo un terreno que recuperar y que actualizar gracias al carácter promiscuo de la creación actual, de las nuevas formas expresivas, así como de las nuevas posibilidades tecnológicas.
Proyecto
El Archivo del Territorio Histórico de Araba presenta así esta recopilación de datos sobre otras formas de establecer una relación coetánea con el mundo animal y para ello, el dispositivo expositivo se amplia hasta conjugar en la misma propuesta arte sonoro, plástico y audiovisual, cuestión que pasa por ser un objetivo primordial y que viene a ensanchar la idea misma de proyecto, permitiendo siempre nuevos y próximos abordajes.
La exposición “Violencia, repetición”, de Nader Koochaki (hasta el 24 de junio), analiza el mundo del pastoreo con una lúcida y sistemática mirada investigadora. El pastoreo y más concretamente su especializado espacio de competición (y espectacularización), como son los concursos de perros pastores, suponen un interesante campo para la profundización antropológica en este acontecimiento transcultural, algo que Koochaki desmenuza hábilmente.
La aplicación de software deportivo a los movimientos de los perros en competición, el análisis de la realización audiovisual del evento, su situación topográfica y el display de la señalética componen un tapiz informacional que remite sobre todo a la idea de mediación, pero a la vez determina un espacio de confluencia entre la comunicación humana y no humana que, proyectada en el ámbito mediático, adquiere nuevas lecturas. (Pero si la mediación hubiera atendido al concurso de “Babe, el cerdito valiente”, título nada desdeñable al tratar el presente tema, otro gallo hubiera cantado; por otro lado la casualidad de que uno de los pastores llegados a la final que se recoge en el video tenga por nombre J. Oteiza resulta asimismo muy inspirador).
Ya en el terreno del audio, el pasado día 13 de Mayo actuó Xabier Erkizia, quien tomando como materia prima el espectro de señales sonoras que los humanos somos incapaces de percibir (y comprender): infrasonidos y ultrasonidos, propuso mediante su manipulación nuevos horizontes de creación sonora.
La actuación de Francisco López, biólogo y artista sonoro, se centró en sus trabajos de bioacústica y transportó a los asistentes hasta paisajes sonoros de resonancias salvajes.
El programa de cine “Zoosonido” coordinado por Andreas Wutz ha reunido películas documentales y artísticas que exploran el campo del lenguaje y la comunicación animal.
El propio Wutz presentó el ciclo como un compendio de películas de difícil acceso en las que la predominante visión cientifista puede dejar hueco a nuevas interpretaciones desde el planteamiento multidisciplinar de “ZoOo”. Estructurado en dos programas: “Los signos y la escritura de cuerpos” y “La vocalización y su vuelta a lo salvaje”, estas películas, verdaderos regalos visuales, nos han dado cuenta de la danza de abejas, de la capacidad de “comunicación eléctrica” de ciertos peces, de los sistemas de notaciones para el movimiento de los cuerpos y también de la posibilidad de estudiar cómo un lenguaje irrumpe en el mundo o cómo se retira del mismo. Para la reflexión.
El proyecto “ZoOo” supone el acercamiento al universo animal desde muy diferentes perspectivas; un universo, tan estudiado y cercano como desconocido y extraño. En esta su segunda entrega, la idea de lenguaje animal se convierte en el eje central de la propuesta, que aúna exposición, conciertos y programas de video.
(Sala del Archivo del Territorio Histórico de Álava, Gasteiz, 13 mayo - 24 Junio 2010)
En primer lugar “ZoOo” pasa por ser un completo reporte de la ecológica colaboración entre diferentes “habitats” culturales. Como proyecto expositivo y como mecanismo de producción, dicha iniciativa nos da la oportunidad de poner en relación la diversidad creativa existente en diferentes disciplinas, como son la antropología cultural, la biología y las prácticas artísticas, con las posibilidades que brinda el entendimiento entre plataformas muy diferentes de producción cultural.
“ZoOo” es un proyecto de la Fundación Cristina Enea, producido en colaboración con Audiolab-Arteleku y Amarika Proiektua de Vitoria - Gasteiz, por lo que en esta circunstancia se antoja especialmente pertinente hablar de asociación de estructuras culturales vivas e independientes que, como simbiontes, sacan provecho de la puesta en común.
“ZoOo”, es un proyecto ideado por Oier Etxebarria que tuvo su primera entrega en 2009 con el tema de las representaciones visuales de los animales y que se centra en esta segunda entrega en lo acústico, en el lenguaje y en la comunicación animal.
El tema, abordado desde un campo de visión muy amplio, tiene resonancias muy diversas, pero sobre todo sugiere el cuestionamiento de la sofisticación artística como código de comunicación para dotarla de nuevas posibilidades expresivas.
Y es que el marco teórico sobre el que hacer posible un proyecto como “ZoOo” no puede por menos que ser complejo, por cuanto la oposición entre lo cultural y lo natural ha marcado, a veces forzadamente, el desarrollo de la filosofía moderna, llegando hasta el pensamiento contemporáneo y a las orillas del mundo de la creación actual con un lastre difícil de gestionar.
Por otro lado, el lenguaje ha supuesto en nuestra cultura el eje sobre el que establecer la diferencia entre lo humano y el resto de seres vivos. Históricamente, el afán de presentar al individuo como centro del universo atribuyó la interioridad (conciencia y alma) exclusivamente a la especie humana y como consecuencia, el interés por la comunicación animal se ha limitado a entenderla como mera conductora expresiva de las funciones biológicas.
Desde esta perspectiva, el ámbito de acción que se esboza para una propuesta como la de “ZoOo” resulta ser bien sugerente, ya que existe todo un terreno que recuperar y que actualizar gracias al carácter promiscuo de la creación actual, de las nuevas formas expresivas, así como de las nuevas posibilidades tecnológicas.
Proyecto
El Archivo del Territorio Histórico de Araba presenta así esta recopilación de datos sobre otras formas de establecer una relación coetánea con el mundo animal y para ello, el dispositivo expositivo se amplia hasta conjugar en la misma propuesta arte sonoro, plástico y audiovisual, cuestión que pasa por ser un objetivo primordial y que viene a ensanchar la idea misma de proyecto, permitiendo siempre nuevos y próximos abordajes.
La exposición “Violencia, repetición”, de Nader Koochaki (hasta el 24 de junio), analiza el mundo del pastoreo con una lúcida y sistemática mirada investigadora. El pastoreo y más concretamente su especializado espacio de competición (y espectacularización), como son los concursos de perros pastores, suponen un interesante campo para la profundización antropológica en este acontecimiento transcultural, algo que Koochaki desmenuza hábilmente.
La aplicación de software deportivo a los movimientos de los perros en competición, el análisis de la realización audiovisual del evento, su situación topográfica y el display de la señalética componen un tapiz informacional que remite sobre todo a la idea de mediación, pero a la vez determina un espacio de confluencia entre la comunicación humana y no humana que, proyectada en el ámbito mediático, adquiere nuevas lecturas. (Pero si la mediación hubiera atendido al concurso de “Babe, el cerdito valiente”, título nada desdeñable al tratar el presente tema, otro gallo hubiera cantado; por otro lado la casualidad de que uno de los pastores llegados a la final que se recoge en el video tenga por nombre J. Oteiza resulta asimismo muy inspirador).
Ya en el terreno del audio, el pasado día 13 de Mayo actuó Xabier Erkizia, quien tomando como materia prima el espectro de señales sonoras que los humanos somos incapaces de percibir (y comprender): infrasonidos y ultrasonidos, propuso mediante su manipulación nuevos horizontes de creación sonora.
La actuación de Francisco López, biólogo y artista sonoro, se centró en sus trabajos de bioacústica y transportó a los asistentes hasta paisajes sonoros de resonancias salvajes.
El programa de cine “Zoosonido” coordinado por Andreas Wutz ha reunido películas documentales y artísticas que exploran el campo del lenguaje y la comunicación animal.
El propio Wutz presentó el ciclo como un compendio de películas de difícil acceso en las que la predominante visión cientifista puede dejar hueco a nuevas interpretaciones desde el planteamiento multidisciplinar de “ZoOo”. Estructurado en dos programas: “Los signos y la escritura de cuerpos” y “La vocalización y su vuelta a lo salvaje”, estas películas, verdaderos regalos visuales, nos han dado cuenta de la danza de abejas, de la capacidad de “comunicación eléctrica” de ciertos peces, de los sistemas de notaciones para el movimiento de los cuerpos y también de la posibilidad de estudiar cómo un lenguaje irrumpe en el mundo o cómo se retira del mismo. Para la reflexión.
domingo 6 de junio de 2010
TBK
Publicado en Mugalari, Gara 4/06/10
El panorama de la precariedad en la cultura tiene sus propias particularidades. Por un lado hemos visto cómo, en la época del más boyante capitalismo informacional, la precariedad de la cultura se ha manifestado precisamente en su sobreexposición, en su consumo ansioso, rápido y en su consiguiente sentido inocuo y acrítico.
Por otro lado, cuando asoma la crisis, son las políticas culturales basadas en grandes proyectos las que se tambalean y con ellas toda una serie de microproyectos, trabajos y esperanzas de la denominada “clase creativa”, un nuevo precariado cultural que cobra con el tiempo formas cada vez más sofisticadas.
El caso de Tabakalera es significativo. Tras muchos años en busca de una definición real de su significado en el entramado cultural vasco, una exploración llevada a cabo a la sombra de la rentabilidad política y electoral, vemos que hasta su “redimensionamiento” tiene un carácter simbólico. Se hace imposible despegar los símbolos de la cultura institucional: en realidad existen pocas diferencias entre la inauguración de la estatua ecuestre y el juego del yo-yo practicado con las políticas culturales.
El trabajo de todo el equipo de Tabakalera, discreto pero sólido y juicioso, ha quedado bruscamente silenciado (y con él, todo un cúmulo de experiencias y conocimientos), y nos encontramos así con un nuevo gran desencanto, con un desenlace imprevisible, con un tiempo nuevamente suspendido. Un suspenso que impregna por capilaridad a diferentes estratos de la actividad cultural, que venían gestionando expectativas diferentes, grandes y pequeñas, y que colgaban de un proyecto que se suponía nave nodriza. El tejido cultural se deshilacha mientras las amarras de los grandes buques de la cultura se tensan y destensan a golpe de titular, de acto de contrición espectacular o de “plan estratégico”. Pero conociendo a los “redimensionadores” ya se sabe que la verdadera estrategia es la del “yo, yo”.
El panorama de la precariedad en la cultura tiene sus propias particularidades. Por un lado hemos visto cómo, en la época del más boyante capitalismo informacional, la precariedad de la cultura se ha manifestado precisamente en su sobreexposición, en su consumo ansioso, rápido y en su consiguiente sentido inocuo y acrítico.
Por otro lado, cuando asoma la crisis, son las políticas culturales basadas en grandes proyectos las que se tambalean y con ellas toda una serie de microproyectos, trabajos y esperanzas de la denominada “clase creativa”, un nuevo precariado cultural que cobra con el tiempo formas cada vez más sofisticadas.
El caso de Tabakalera es significativo. Tras muchos años en busca de una definición real de su significado en el entramado cultural vasco, una exploración llevada a cabo a la sombra de la rentabilidad política y electoral, vemos que hasta su “redimensionamiento” tiene un carácter simbólico. Se hace imposible despegar los símbolos de la cultura institucional: en realidad existen pocas diferencias entre la inauguración de la estatua ecuestre y el juego del yo-yo practicado con las políticas culturales.
El trabajo de todo el equipo de Tabakalera, discreto pero sólido y juicioso, ha quedado bruscamente silenciado (y con él, todo un cúmulo de experiencias y conocimientos), y nos encontramos así con un nuevo gran desencanto, con un desenlace imprevisible, con un tiempo nuevamente suspendido. Un suspenso que impregna por capilaridad a diferentes estratos de la actividad cultural, que venían gestionando expectativas diferentes, grandes y pequeñas, y que colgaban de un proyecto que se suponía nave nodriza. El tejido cultural se deshilacha mientras las amarras de los grandes buques de la cultura se tensan y destensan a golpe de titular, de acto de contrición espectacular o de “plan estratégico”. Pero conociendo a los “redimensionadores” ya se sabe que la verdadera estrategia es la del “yo, yo”.
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viernes 21 de mayo de 2010
Temblar
Publicado en Mugalari, Gara 21/05/10
El panorama cambiante, el devenir de los acontecimientos, nos obliga a repensar constantemente nuestra situación en el mundo. Cuando el miedo adquiere valor de coordenada en ese contexto que intentamos hacer nuestro, aparecen síntomas de congelación, de bloqueo, y es entonces cuando un shock paraliza nuestra capacidad de reubicación. En ocasiones hemos visto esta parálisis en la actividad creativa como una circunstancia ligada a la falta de inspiración, de estímulos o de confianza en el sistema de relaciones que rige el mundo del arte, pero ese shock, cuya naturaleza puede ser muy diversa, puede llegar a describir mejor que cualquier otra propuesta artística un momento concreto, una trayectoria, una decisión vital o una conclusión.
Los asideros teóricos y formales en los que un día se cifró nuestro proyecto pueden desplazarse con el tiempo y pueden, con su desplazamiento, dejar temblando nuestra empresa y abatir en un sólo instante esa inexplicable (y socorrida) “necesidad interior” de la que echamos mano al hablar de nuestro trabajo creativo.
Hoy, al observar la actualidad en los medios, al mirar a nuestro alrededor e intentar a continuación el abordaje de un proyecto artístico, advertimos los síntomas de ese bloqueo y dudamos sobre la idoneidad de nuestras coordenadas. Pero ese síntoma, que es el temblor previo a la parálisis, es el principio de todo.
Michel De Certeau considera que cuando visualizamos grietas en el pensamiento, cuando podemos ver que nuestra forma de pensar no es igual al orden de la época, se modifica nuestra posición en el mundo: ya no somos los mismos. Y dice: "El suelo de nuestras seguridades tiembla a medida que se revela el hecho de no poder pensar más un pensamiento de ayer".
Quizá por ello en cada nuevo movimiento del trabajo del artista no solo tiemblan las seguridades, sino que tiembla toda su propuesta, todo su itinerario, todas sus ilusiones y sus certidumbres.
Al menos “temblar” implica movimiento.
El panorama cambiante, el devenir de los acontecimientos, nos obliga a repensar constantemente nuestra situación en el mundo. Cuando el miedo adquiere valor de coordenada en ese contexto que intentamos hacer nuestro, aparecen síntomas de congelación, de bloqueo, y es entonces cuando un shock paraliza nuestra capacidad de reubicación. En ocasiones hemos visto esta parálisis en la actividad creativa como una circunstancia ligada a la falta de inspiración, de estímulos o de confianza en el sistema de relaciones que rige el mundo del arte, pero ese shock, cuya naturaleza puede ser muy diversa, puede llegar a describir mejor que cualquier otra propuesta artística un momento concreto, una trayectoria, una decisión vital o una conclusión.
Los asideros teóricos y formales en los que un día se cifró nuestro proyecto pueden desplazarse con el tiempo y pueden, con su desplazamiento, dejar temblando nuestra empresa y abatir en un sólo instante esa inexplicable (y socorrida) “necesidad interior” de la que echamos mano al hablar de nuestro trabajo creativo.
Hoy, al observar la actualidad en los medios, al mirar a nuestro alrededor e intentar a continuación el abordaje de un proyecto artístico, advertimos los síntomas de ese bloqueo y dudamos sobre la idoneidad de nuestras coordenadas. Pero ese síntoma, que es el temblor previo a la parálisis, es el principio de todo.
Michel De Certeau considera que cuando visualizamos grietas en el pensamiento, cuando podemos ver que nuestra forma de pensar no es igual al orden de la época, se modifica nuestra posición en el mundo: ya no somos los mismos. Y dice: "El suelo de nuestras seguridades tiembla a medida que se revela el hecho de no poder pensar más un pensamiento de ayer".
Quizá por ello en cada nuevo movimiento del trabajo del artista no solo tiemblan las seguridades, sino que tiembla toda su propuesta, todo su itinerario, todas sus ilusiones y sus certidumbres.
Al menos “temblar” implica movimiento.
martes 4 de mayo de 2010
P.D.F.
Publicado en Mugalari, Gara 07/05/10
Cuando P.D.F. se cuestionaba el disfrute de algunos aspectos relacionados con su práctica artística, como cierto regodeo en los preceptos del color o de las formas, o cuando hallaba licencia poética en la sintaxis de las imágenes, no hacía otra cosa que afrontar lo específico de su actividad.
Sabía que partía de una situación de excepcionalidad, la artística, que le permitía trabajar con privilegios para descomponer y voltear significados y para traer hasta el momento presente lo que estaba aún por resolver. Fue en esta situación de excepción, que se le antojaba incómoda y arrogante, donde advirtió el principal motivo para abandonar su labor.
Como pasado el tiempo no conseguía resolver las dudas sobre los aspectos centrales de una práctica que pretendiéndolo todo sólo llegaba a lo ridículo a través de la autocomplacencia, y a la vista de que esta circunstancia se instalaba progresivamente en su perspectiva artística, decidió cambiar de bando.
P.D.F. abordó entonces un ejercicio demoledor, consistente en aplicar una desconfianza sistemática sobre todo lo proveniente del ámbito artístico, ese espacio al que anteriormente había entregado su atrevimiento. Así, la susceptibilidad sobre todo aquello que pudiera manifestársele como solución formal, sobre todo lo que significara sensibilidad creativa o mero placer estético, le llevo a territorios desconocidos que resultaron ser igualmente atrayentes, y que para su sorpresa le dispensaron un disfrute similar al que había intentado dejar atrás.
Ante esta situación, una especie de bucle en el que el compromiso tenía poco que decir y la voluntad poco que ofrecer, P.D.F. decidió no caer en la trampa de la equidistancia, ni en la inhibición, ni en la huída, ni en los arrepentimientos dolorosos, para poder así comenzar una y otra vez por el disfrute y acabar siempre con él, de modo que pudiera identificar definitivamente actitud y proyecto personal.
Cuando P.D.F. se cuestionaba el disfrute de algunos aspectos relacionados con su práctica artística, como cierto regodeo en los preceptos del color o de las formas, o cuando hallaba licencia poética en la sintaxis de las imágenes, no hacía otra cosa que afrontar lo específico de su actividad.
Sabía que partía de una situación de excepcionalidad, la artística, que le permitía trabajar con privilegios para descomponer y voltear significados y para traer hasta el momento presente lo que estaba aún por resolver. Fue en esta situación de excepción, que se le antojaba incómoda y arrogante, donde advirtió el principal motivo para abandonar su labor.
Como pasado el tiempo no conseguía resolver las dudas sobre los aspectos centrales de una práctica que pretendiéndolo todo sólo llegaba a lo ridículo a través de la autocomplacencia, y a la vista de que esta circunstancia se instalaba progresivamente en su perspectiva artística, decidió cambiar de bando.
P.D.F. abordó entonces un ejercicio demoledor, consistente en aplicar una desconfianza sistemática sobre todo lo proveniente del ámbito artístico, ese espacio al que anteriormente había entregado su atrevimiento. Así, la susceptibilidad sobre todo aquello que pudiera manifestársele como solución formal, sobre todo lo que significara sensibilidad creativa o mero placer estético, le llevo a territorios desconocidos que resultaron ser igualmente atrayentes, y que para su sorpresa le dispensaron un disfrute similar al que había intentado dejar atrás.
Ante esta situación, una especie de bucle en el que el compromiso tenía poco que decir y la voluntad poco que ofrecer, P.D.F. decidió no caer en la trampa de la equidistancia, ni en la inhibición, ni en la huída, ni en los arrepentimientos dolorosos, para poder así comenzar una y otra vez por el disfrute y acabar siempre con él, de modo que pudiera identificar definitivamente actitud y proyecto personal.
sábado 24 de abril de 2010
TV (nº1)
Publicado en Mugalari, Gara 23/04/10
Alguien advirtió que la programación televisiva es aquello que sucede entre los anuncios, “lo que pasan entre los intermedios”. Y en realidad podemos tomar esta definición como el interruptor de una enorme batidora político-mercantil que, de la mano de la presunta diversidad de la oferta, ha ido modificando el lenguaje audiovisual hasta transformarlo en una complicada argamasa de iconos, sintonías y mensajes nada inocentes. Intentar practicar un corte o buscar una pausa en este engrudo vocinglero resulta ser una misión imposible que lamentablemente no funcionará ni siquiera al desconectarnos de la red eléctrica.
Porque efectivamente, la televisión se puede apagar pero el imaginario creado por ella no, de modo que el audiovisual tiende a convertirse en el lenguaje de nuestro imaginario. O nuestro imaginario no sabe ser sin la asistencia técnica del audiovisual. Y así, llevados por esta sobre-exposición mediática, que deviene “forma de pensamiento”, sucumbimos a la pereza intelectual.
Ante una situación generalizada de indolencia, cuando ya no hay cesura en el discurso televisual y cuando la política engorda en el mismo caldo que lo narcótico, nos reconocemos dulcemente derrotados.
Aquellas intervenciones que en algún momento inaugural de los medios audiovisuales podían clasificarse como “militantes” han sido hoy vampirizadas por la publicidad a través de sus múltiples camuflajes.
El marketing de guerrilla, se instala en la mente por caminos inverosímiles, en acciones precisas destinadas a conquistar nichos muy concretos, y siempre desde una astucia creativa que se envalentona con el arte y busca su suplantación.
El marketing político, verdadero evangelio de nuestra época, nos vende el líder como un producto salvador, infiltrándolo más allá de la campaña, porque la arena de lo político es ya continuamente electoral.
Es agradable saberse querido por alguien, la televisión nunca nos fallará.
Alguien advirtió que la programación televisiva es aquello que sucede entre los anuncios, “lo que pasan entre los intermedios”. Y en realidad podemos tomar esta definición como el interruptor de una enorme batidora político-mercantil que, de la mano de la presunta diversidad de la oferta, ha ido modificando el lenguaje audiovisual hasta transformarlo en una complicada argamasa de iconos, sintonías y mensajes nada inocentes. Intentar practicar un corte o buscar una pausa en este engrudo vocinglero resulta ser una misión imposible que lamentablemente no funcionará ni siquiera al desconectarnos de la red eléctrica.
Porque efectivamente, la televisión se puede apagar pero el imaginario creado por ella no, de modo que el audiovisual tiende a convertirse en el lenguaje de nuestro imaginario. O nuestro imaginario no sabe ser sin la asistencia técnica del audiovisual. Y así, llevados por esta sobre-exposición mediática, que deviene “forma de pensamiento”, sucumbimos a la pereza intelectual.
Ante una situación generalizada de indolencia, cuando ya no hay cesura en el discurso televisual y cuando la política engorda en el mismo caldo que lo narcótico, nos reconocemos dulcemente derrotados.
Aquellas intervenciones que en algún momento inaugural de los medios audiovisuales podían clasificarse como “militantes” han sido hoy vampirizadas por la publicidad a través de sus múltiples camuflajes.
El marketing de guerrilla, se instala en la mente por caminos inverosímiles, en acciones precisas destinadas a conquistar nichos muy concretos, y siempre desde una astucia creativa que se envalentona con el arte y busca su suplantación.
El marketing político, verdadero evangelio de nuestra época, nos vende el líder como un producto salvador, infiltrándolo más allá de la campaña, porque la arena de lo político es ya continuamente electoral.
Es agradable saberse querido por alguien, la televisión nunca nos fallará.
jueves 15 de abril de 2010
Quid pro Quo
Publicado en Mugalari, Gara 16/04/10
Tecnología, humanidad y espacios de encuentro en Amarika
Como proyecto medular de esta segunda temporada del proyecto Amarika, “Quid pro Quo” presenta un programa de exposición y debates cuyo objetivo es revisar el estado de las relaciones entre la tecnología y lo humano, tomando la flexibilidad del espacio artístico como escenario. Hasta el 4 de junio, la oferta de “Quid pro Quo” amplía una vez más los horizontes de Amarika.
Hace tiempo que las relaciones entre arte y tecnología se fundieron en un cuerpo cultural abordable desde múltiples perspectivas, sin que ello signifique que la puesta en común de estas visiones, revisiones y actualizaciones no siga proporcionando un vasto paisaje de análisis y de prácticas posibles. El proyecto llevado a cabo por Diego Soroa, como coordinador invitado por el Proyecto Amarika para esta actividad (que surge a su vez del proyecto “Inmersiones”), tiene la virtud de no haberse sometido al magnetismo formalista que sin duda ofrece el espacio codificado de una sala de exposiciones de arte, para, de este modo, ofrecer una serie de elementos de debate. Así, lo que encontramos en Amarika, no tiene tanto el sentido de exposición colectiva al uso, sino que cada una de las propuestas tienen por objeto servir de introducción, presentación o prólogo a un tema concreto del nutrido e interesante programa de debates en los que participan los autores de estas “iniciativas” junto a otros participantes e investigadores en ese área de conocimiento. La tensión generada entre aquellas piezas de factura aparentemente más artística y las que se muestran como más “inasequibles” explica precisamente el hecho de que no es posible prescindir del discurso cuando el peso de la investigación lleva el proyecto a límites o a formatos, que exceden la mera representación o que no se pliegan al estatismo de una rutina expositiva de carácter divulgativo.
Pero, si hay un amplio espectro de temas (tecnológicos, científicos, filosóficos…) que quizá sea difícil de abarcar en una propuesta como esta, limitada en tiempo y producción, lo cierto es que esta voluntad de asomarse a las franjas más extremas de la cibercultura nos obliga a reinterpretar a cada paso esta fascinación por la tecnología, que no sólo nos seduce como seres que viven comprometidos con su tiempo, si no que nos está convirtiendo además en algo “distinto”. A este asunto se refieren autores como Mark Dery en Velocidad de Escape, más concretamente en el capítulo “Los peligros del post-humanismo”, una obra en la que a pesar de los años transcurridos desde su publicación mantiene todavía vivas algunas de las preguntas clave en este territorio de especulación sobre “el destino del cuerpo y del yo”, o el crítico Jeffrey Deitch en el texto de su exposición referencial Post Human, cuando se refiere a esa “normalidad de reinventarse” a la que habremos de acostumbrarnos con el tiempo, entre otros autores. Porque si algo resulta interesante al sobrevolar este campo de estudio es el hecho de que algunas cuestiones se modifican levemente en su enunciado al incorporar los nuevos avances provenientes de las distintas áreas que participan en el conglomerado científico – creativo (en el que cada vez caben más disciplinas), permaneciendo siempre los grandes interrogantes, que sin duda son los que nos llevan, como en este caso de “Quid pro quo”, a intentar conocer en qué punto nos encontramos de las relaciones entre arte, ciencia y tecnología.
Inputs en vez de “piezas”.
En Amarika, la exposición se convierte en un índice de temas, inputs que el comisario ha organizado como método para la articulación de su propuesta. Un tótem compuesto por pantallas, ordenadores, teclados y distinto material tecnológico ya obsoleto es la única concesión formalista, ya que el experimento (cerrado en mayor o menor medida), se presenta en cada propuesta como un link con el núcleo argumental del proyecto y con su programa de debates.
La neurona de Hodgkin-Huxley creada por el Grupo de Diseño en Electrónica Digital de la Universidad del País Vasco es una de estas misteriosas conexiones. Este modelo describe cómo se inician y transmiten los potenciales de acción en las neuronas. Consiste en un conjunto de ecuaciones que nos aproxima las características eléctricas de las células excitables, como son las neuronas o los miocitos cardíacos. El pasado jueves 8 de Abril tuvo lugar el primero de los debates, titulado “Cuerpos, mentes, individuos y sociedades expandidas”, en el que se presentó dicho experimento. “In-habiting II”, de Verónica Eguaras (Iruña) e Izaskun Etxebarria (Eibar), proponen como tema el cuerpo, así como la idea de habitar; sus resultados nos llevan al momento en el que ambos conceptos coinciden en la conformación del “yo”. “Tecno Fovea”, de Matt Wright (Colchester, Inglaterra), Armin Seltz (Dresden, Alemania) y el propio Soroa nos llevan a la exploración del espacio visual utilizando imágenes de 360º, un lugar de observación que nos sitúa en los límites de la virtualidad. “Variaciones Solaris”, del gasteiztarra Rubén Díaz de Corcuera es un video de clara raigambre pictórica, un paisaje universal, un ejercicio delicado y exquisito en el que coinciden expectación y abstracción. “Zoospace 2.0”, de Jaime de los Ríos (Donostia) y Andy Koenig (Göttingen, Alemania), que trabajan bajo el nombre del colectivo ARTEK[LAB], desarrollan su proyecto alrededor de la idea de ecosistemas tecnológicos e híbridos biológico-electrónicos.
Durante todos los jueves del presente mes continuarán los debates en Amarika, con temas como “Redes espacios colectivos y complejidad emergente”, “Arte y Post-Humanismo” y un debate final con conclusiones y balance de las jornadas. Más información en:
http://elquiddelaexposicion.blogspot.com/
Tecnología, humanidad y espacios de encuentro en Amarika
Como proyecto medular de esta segunda temporada del proyecto Amarika, “Quid pro Quo” presenta un programa de exposición y debates cuyo objetivo es revisar el estado de las relaciones entre la tecnología y lo humano, tomando la flexibilidad del espacio artístico como escenario. Hasta el 4 de junio, la oferta de “Quid pro Quo” amplía una vez más los horizontes de Amarika.
Hace tiempo que las relaciones entre arte y tecnología se fundieron en un cuerpo cultural abordable desde múltiples perspectivas, sin que ello signifique que la puesta en común de estas visiones, revisiones y actualizaciones no siga proporcionando un vasto paisaje de análisis y de prácticas posibles. El proyecto llevado a cabo por Diego Soroa, como coordinador invitado por el Proyecto Amarika para esta actividad (que surge a su vez del proyecto “Inmersiones”), tiene la virtud de no haberse sometido al magnetismo formalista que sin duda ofrece el espacio codificado de una sala de exposiciones de arte, para, de este modo, ofrecer una serie de elementos de debate. Así, lo que encontramos en Amarika, no tiene tanto el sentido de exposición colectiva al uso, sino que cada una de las propuestas tienen por objeto servir de introducción, presentación o prólogo a un tema concreto del nutrido e interesante programa de debates en los que participan los autores de estas “iniciativas” junto a otros participantes e investigadores en ese área de conocimiento. La tensión generada entre aquellas piezas de factura aparentemente más artística y las que se muestran como más “inasequibles” explica precisamente el hecho de que no es posible prescindir del discurso cuando el peso de la investigación lleva el proyecto a límites o a formatos, que exceden la mera representación o que no se pliegan al estatismo de una rutina expositiva de carácter divulgativo.
Pero, si hay un amplio espectro de temas (tecnológicos, científicos, filosóficos…) que quizá sea difícil de abarcar en una propuesta como esta, limitada en tiempo y producción, lo cierto es que esta voluntad de asomarse a las franjas más extremas de la cibercultura nos obliga a reinterpretar a cada paso esta fascinación por la tecnología, que no sólo nos seduce como seres que viven comprometidos con su tiempo, si no que nos está convirtiendo además en algo “distinto”. A este asunto se refieren autores como Mark Dery en Velocidad de Escape, más concretamente en el capítulo “Los peligros del post-humanismo”, una obra en la que a pesar de los años transcurridos desde su publicación mantiene todavía vivas algunas de las preguntas clave en este territorio de especulación sobre “el destino del cuerpo y del yo”, o el crítico Jeffrey Deitch en el texto de su exposición referencial Post Human, cuando se refiere a esa “normalidad de reinventarse” a la que habremos de acostumbrarnos con el tiempo, entre otros autores. Porque si algo resulta interesante al sobrevolar este campo de estudio es el hecho de que algunas cuestiones se modifican levemente en su enunciado al incorporar los nuevos avances provenientes de las distintas áreas que participan en el conglomerado científico – creativo (en el que cada vez caben más disciplinas), permaneciendo siempre los grandes interrogantes, que sin duda son los que nos llevan, como en este caso de “Quid pro quo”, a intentar conocer en qué punto nos encontramos de las relaciones entre arte, ciencia y tecnología.
Inputs en vez de “piezas”.
En Amarika, la exposición se convierte en un índice de temas, inputs que el comisario ha organizado como método para la articulación de su propuesta. Un tótem compuesto por pantallas, ordenadores, teclados y distinto material tecnológico ya obsoleto es la única concesión formalista, ya que el experimento (cerrado en mayor o menor medida), se presenta en cada propuesta como un link con el núcleo argumental del proyecto y con su programa de debates.
La neurona de Hodgkin-Huxley creada por el Grupo de Diseño en Electrónica Digital de la Universidad del País Vasco es una de estas misteriosas conexiones. Este modelo describe cómo se inician y transmiten los potenciales de acción en las neuronas. Consiste en un conjunto de ecuaciones que nos aproxima las características eléctricas de las células excitables, como son las neuronas o los miocitos cardíacos. El pasado jueves 8 de Abril tuvo lugar el primero de los debates, titulado “Cuerpos, mentes, individuos y sociedades expandidas”, en el que se presentó dicho experimento. “In-habiting II”, de Verónica Eguaras (Iruña) e Izaskun Etxebarria (Eibar), proponen como tema el cuerpo, así como la idea de habitar; sus resultados nos llevan al momento en el que ambos conceptos coinciden en la conformación del “yo”. “Tecno Fovea”, de Matt Wright (Colchester, Inglaterra), Armin Seltz (Dresden, Alemania) y el propio Soroa nos llevan a la exploración del espacio visual utilizando imágenes de 360º, un lugar de observación que nos sitúa en los límites de la virtualidad. “Variaciones Solaris”, del gasteiztarra Rubén Díaz de Corcuera es un video de clara raigambre pictórica, un paisaje universal, un ejercicio delicado y exquisito en el que coinciden expectación y abstracción. “Zoospace 2.0”, de Jaime de los Ríos (Donostia) y Andy Koenig (Göttingen, Alemania), que trabajan bajo el nombre del colectivo ARTEK[LAB], desarrollan su proyecto alrededor de la idea de ecosistemas tecnológicos e híbridos biológico-electrónicos.
Durante todos los jueves del presente mes continuarán los debates en Amarika, con temas como “Redes espacios colectivos y complejidad emergente”, “Arte y Post-Humanismo” y un debate final con conclusiones y balance de las jornadas. Más información en:
http://elquiddelaexposicion.blogspot.com/
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