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Trabajo (y 2)


Publicado en Kultura, Gara 02/05/12

El futuro era aquello...
Hemos asistido a un primero de mayo con el horizonte tormentoso. La cultura ha sido en los últimos años un modelo para la actividad económica, de esto no parece que haya duda, sobre todo ahora que el sector cultural se ve burlado de un modo especialmente doloroso. Pero hay que insistir en que más allá de suponer un motor económico, el arte y la cultura han sido en realidad un modelo en cuanto a formas, estrategias y símbolos. Y sin embargo, el aparato técnico e ideológico que se apoyó en la innovación y en la creatividad como un modo “excelente” de relación con el mercado mira ahora hacia otro lado cuando se antoja fundamental apostar por la cultura y la educación. Fueron precisamente conceptos como innovación y creatividad los que presentaron el mundo del arte como inspiración a un capitalismo delirante en el que el brillo del éxito resultaba arrebatador. Los modos de vida, la sofisticación de la imagen y la figura del emprendedor llevaron a entender la juventud, el arrojo y el descaro como valores que podían compartir perfectamente un artista intrépido y un bolsista pujante. En esta situación y convertido el trabajador en un empresario de sí mismo, se culminó un proceso de liberalización que dibuja ahora un mundo más desigual que nunca, un mundo tan extremadamente competitivo e individualista que la noción de lo colectivo solo se entiende como mecanismo de ataque o de defensa.
La precariedad del trabajador de la cultura, del empleo cultural, es hoy más flagrante que nunca; es algo constatable en el trato de la institución con los artistas o en las relaciones de la institución educativa y universitaria con buena parte de su comunidad.

Recortes


Publicado en Kultura, Gara 07/09/11
Estamos destinados a ver próximamente recortes presupuestarios en ámbitos sociales y culturales. Pero lo cierto es que el desplazamiento de los recursos culturales viene de lejos y ha ido tomando diferentes fórmulas, que inevitablemente han devenido en “formas” de entender la cultura. La más visible funcionó bajo el argumento del impacto de las infraestructuras (edificios y festejos), ante el cual no hubo una respuesta capaz de organizar alternativas sólidas, aunque sí valiosos experimentos de resistencia. El siguiente argumento, más reciente en el tiempo, vino legitimado a través del paradigma de la “autoorganización” de los y las productoras de la cultura como empresarios o empresarias. De fondo a este sistema la idea de las industrias creativas, que sirvieron como modelo a una nueva economía en la que el talento, la creatividad y la iniciativa fueron conceptos clave para el discurso que se transmitió sobre el trabajo. El emprendedor se convertía así en un empresario de sí mismo, los artistas en freelance y la mediación encontraba nuevos espacios para crecer. A veces todo se fundía y confundía.

Pero las formas de vida y de trabajo artístico no son tan controlables como lo son otras formas de producción. Entre sus características está el asincronismo con la norma social y económica, la fermentación de su potencia y su disolución en el sistema al que pertenece para crear nuevos y traviesos virus.

La etapa de recortes que está por llegar puede suponer la superación de ciertas vacunas administradas al tejido creativo de nuestro panorama cultural durante los últimos años; puede ser el momento de incubar nuevas instituciones de lo común. Ya no hay optimismo capitalizable.



Trabajo

Publicado en Mugalari, Gara 11/09/09

Existe una tendencia que sitúa a la cultura y a su entorno (con especial atención a los/las artistas), como un modelo para la actividad económica contemporánea. La idea viene acompañada de un complejo aparato técnico e ideológico que se apoya en la innovación y en las fórmulas creativas que requiere actualmente el mercado.

Desde la innovación y a través de la creatividad se observa el mundo del arte como un campo de inspiración en el cual el brillo del éxito resulta arrebatador.
La figura del “emprendedor” juega también un importante papel, pues a partir de ella se construye un sugestivo perfil que tiene frente a sí todos los retos del mundo del marketing y que se acopla a la perfección con la imagen suministrada por la publicidad-propaganda. Es el modelo de subjetivación del neoliberalismo. La juventud, el arrojo y el descaro son valores que pueden compartir un artista intrépido y un empresario de raza. A esta cuestión se han referido muchos autores (Lazzarato, López Petit…), que ven al trabajador en esta nueva situación como un empresario de sí mismo, culminando así un proceso de liberalización que dibuja un mundo más desigual que nunca sin que lo parezca.
En esta situación, la indefinición y la precariedad del trabajador de la cultura, del empleo cultural, han servido, no sólo como coartada y como modelo, sino también como financiación y escaparate de todo un proceso con el que alimentar nuevos horizontes de inversión y nuevas imágenes para estos nuevos desafíos.
La incapacidad de adecuar el gobierno del mercado de trabajo a las nuevas formas de actividad tiene en el mundo del arte, de la cultura y de la educación un desenlace infortunado, que comienza por lo vergonzante que resulta el trato de la institución con los artistas y que llega a ser indigno en las relaciones que mantiene una institución como la Universidad con buena parte de su personal docente, por mucho que la salsa bolognesa se venda como verdadera “innovación”.