Campaña

Publicado en Mugalari, Gara 5/06/09

La adecuación de las campañas electorales a la circunstancia social es algo que hemos podido ir valorando en la producción de material gráfico, en la evolución de la marca y en la puesta en escena de las distintas organizaciones políticas. Pero en el ámbito audiovisual las cosas han ido tan rápidamente que casi no nos hemos dado cuenta de cómo todo ese flujo de propaganda se ha incrustado en la marea informacional de nuestra cotidianidad. Así, el spot electoral se ha convertido en un género cruzado, es a la vez anuncio comercial, ficción, documental, videoclip, parodia y espectáculo deportivo o musical; cuestiones todas ellas que forman ya parte del catálogo político. Del busto parlante con discurso ideológico hemos pasado directamente a la venta de un producto. El concepto de spot electoral en todas sus variantes cobra cada vez más importancia gracias a su capacidad para concentrar un mensaje y para crear nichos en el imaginario político-comercial de los votantes. Las estrategias de venta tienen aquí un terreno perfecto para la infiltración, para la prestidigitación, para la búsqueda de nuevos mercados a través de la magia de un guión apto para todos los públicos y capaz de insuflar vida a las seductoras formas del “mediascape”. Del mismo modo, Internet ha abierto nuevos caminos para la mercadotecnia política, a la vez que guarda la potencial capacidad de revertir el déficit representacional provocado por las legislaciones electorales.

Las campañas se hacen complejas en sus estrategias de difusión y tremendamente triviales y frívolas en el tratamiento de sus contenidos. Su éxito radica en funcionar a la vez como circo ritual y como gran maniobra de desorientación. El carácter homogéneo y globalizado de toda campaña electoral no es más que el reflejo de una política estandarizada en sus formas, vanidosa y que merece ya un cambio de etapa.

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