Sin título


Publicado en Kultura, Gara 06/04/11

El hecho de que una obra prescinda de título arroja sobre ella una especial responsabilidad expresiva, una circunstancia que rebota en nuestra actitud receptiva como si se tratara de un aviso. Hay en ello toda una apuesta. Compartir esa responsabilidad, recibir el aviso, puede ser un poderoso vínculo en el que más allá de la mera recepción del mensaje puedan establecerse otro tipo de conexiones que, siendo más o menos libres y más o menos acertadas, nos propongan un acercamiento subjetivo y entrecomillado a esa obra.

La falta de título para cierto tipo de obras está en la misma línea de aquellas obras que sólo son un título. No se trata exclusivamente de obras conceptuales, obras concretas o poéticas, sino de obras cuyo enunciado apuesta igualmente por establecer vínculos poderosos en los que no exista interferencia alguna. La apuesta tiene aquí el mismo calado, se nos cita con exigencia, no podemos eludir su forma que es la de una llamada; podremos ignorarla e incluso desestimar su validez como llamada, pero no podremos dejar de “oírla”.
Entre la obra “sin título” y la “obra - título” hay un muchos momentos y muchas posibilidades. En algunos casos el título será fallido, en otros no hubiera hecho falta, en ocasiones obedece a una suerte de orden privado que el autor establece para su producción y que va tejiendo poco a poco “el título” del conjunto de su obra (títulos para series, títulos chiste, títulos crípticos…).
Hoy, el esfuerzo de un arte verdaderamente contemporáneo que mira de frente al sujeto social se centra en construir una imagen, es decir, una verdadera conexión de lo verbal y lo visual, alterando así el régimen ordinario de esa conexión.

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