Verde


Publicado en Mugalari, Gara 24/09/10

Hablamos de lo de siempre. El discurso de la sostenibilidad comienza a empalagar, se ha unido al grupo de expresiones que se desdibujan por su uso automático, términos cuyo significado se derrite y cuyo sentido se evapora.
Las palabras huecas, de aplicación mecánica e irreflexiva, desfiguran lo específico de las materias y tienden a uniformizar aquello que precisa de nuevas formas, nuevos enfoques, enunciados nuevos.
En la cultura esta circunstancia tiene soluciones perversas, no tanto por su uso político, sino por la incapacidad que genera para atender a lo que se tiene que atender.
Un ejemplo. La administración entiende la ecología como una política “verde” y por tanto sectorial, en vez de un reto estructural, global y con una enorme fuerza potencial para las ciudades y la vida de sus habitantes.
La administración entiende la cultura y el arte igual que entiende la ecología, esto es, como un sector, no como un reto estructural de calado social, educativo y entroncado en la vida cotidiana. En uno y otro campo se ha hecho fuerte la idea de una transformación industrial; de la industria gris a la industria verde y de la industria cultural a la del ocio, y así, la política cultural no puede despegarse de una mecánica que no piensa en el objeto al que ha de servir, sino únicamente en algunas de sus expresiones.
El discurso de la sostenibilidad en la cultura deja de tener sentido porque no atiende o no se relaciona con la sostenibilidad de otros ámbitos productivos y experienciales que sirven para la construcción misma de la cultura. Se trata de dinámicas cuyo desarrollo se dan exclusivamente en el terreno de los nuevos mercados y no en el de las libertades que vienen de la mano de la cultura.
El debate sobre la política cultural se ha de convertir en el debate sobre cómo prescindir progresivamente de las políticas culturales en favor de la cultura.

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